miércoles, 1 de julio de 2015

Hasta aquí

“(…) intentar comunicarme con un público no especializado, tratando de decodificar ideas y conceptos que muchas veces no logran bajar del Olimpo de las tecnocracias.”

Hace ocho años estaba haciendo antesala en el ministerio de agricultura cuando sonó mi teléfono.   Era Maricela Herrera para preguntarme si tendría interés en ser parte de los columnistas de la sección económica de Prensa Libre. La idea me atrajo mucho así que no tuve que pensarlo demasiado. 

Fue almorzando con mi padre en el restaurant Altuna que le encontré un nombre al espacio: Economía y Desarrollo.  Porque eso era justamente lo que quería comunicar en mis artículos: que la Economía como disciplina sólo tiene sentido en la medida que logra conectar con ese anhelo natural que todos los seres humanos tenemos de mejorar nuestra condición de vida, es decir, desarrollarnos individual y colectivamente.

Así fue como zarpé con uno de los temas que más me apasiona: política social.  Una, dos, tres columnas.  Y muy rápidamente comencé a recorrer otros senderos cercanos.  Pobreza, desigualdad, empleo, micro finanzas, desarrollo rural, instituciones, política pública, en fin.  Son tantas las áreas del desarrollo sobre las que se puede escribir, que afortunadamente temas nunca hicieron falta. 

Siempre fue un aporte que di sin retribución económica alguna.  Eso sí, procuré cumplir semana a semana.  Y fueron contadas las veces que caí en falta, muchas de ellas por estar en alguna región remota de este continente, donde la conectividad es muy precaria o inexistente.      

Tengo muchas anécdotas que he ido recogiendo en el camino.  Como aquella columna que tuve que escribir en el teclado de mi BlackBerry porque no tenía computador en la aldea donde estaba trabajando.  O aquel otro mensaje que me escribió un maestro desde una escuela rural en Huehuetenango para agradecerme por el material que le ayudaba a preparar sus clases para muchachos de secundaria.  O aquella otra columna que escribí durante una misión a Haití, con un nudo en la garganta, pues es una de las experiencias más fuertes que he tenido en mi vida profesional.   

Desde el principio me propuse cuatro objetivos.  Primero, intentar comunicarme con un público no especializado, tratando de decodificar ideas y conceptos que muchas veces no logran bajar del Olimpo de las tecnocracias.  Segundo, democratizar literatura a la cual las grandes mayorías tienen poquísimo acceso.  Convertir información privilegiada en conocimiento público.  Tercero, dar prioridad a temas estructurales que explican nuestro atraso.  Esos de los que se habla poco porque generalmente se los traga la coyuntura.  Y cuarto, mantener disciplinadamente el espacio todos estos años, viviera donde viviera, porque así me mantenía vivo y vinculado con mi país.  Mi país, esa noción-territorio que tanto me ha dado y por el cual mi familia ha trabajado por generaciones para tratar de hacerlo un espacio cada vez más vivible.  Todos estos objetivos, dicho sea de paso, siguen siendo válidos para mí, por lo que dejaré que sigan orientando mi acción profesional.  

Pero todo tiene un ciclo y hoy me toca poner un hasta aquí.  Economía y Desarrollo en Prensa Libre llega a su fin.  Lo digo con una mezcla de nostalgia y satisfacción por la labor cumplida.  Toda esta tinta, tiempo y reflexión me han enseñado mucho.  Y esto no hubiera sido posible sin una audiencia con quien intercambiar.  Por eso permítame darle las gracias a usted, que me leyó una o varias veces, que compartió o no mi opinión.  Debo decirle que fue su lectura crítica mi mayor motivación siempre. 

Así, con la misma frase de aquella primera columna en julio de 2007 termino hoy esta “travesía editorial agradeciendo a Prensa Libre por el ofrecimiento de un espacio en sus páginas para discutir temas económicos y del desarrollo”. 

Por ahora seguiré publicando semanalmente en mi blog http://ekonomiaydesarrollo.blogspot.com/.  Luego veremos a dónde más me llevo mis cinco len.       

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