jueves, 19 de julio de 2012

Supuestos, quimeras y élites

“Las experiencias vividas (…) debieran volver al país, inoculadas en el día a día de estos muchachos privilegiados, que están siendo ya los nuevos interlocutores de un sector muy influyente.”

Caminaba un día de tantos al lado del ministro.  Esos espacios dispersos y cortos, pero tan valiosos, que hay entre una reunión y otra. Allí aprendí que ese es un buen momento para escuchar mensajes, trasladar visiones, formar opinión sobre distintos temas, de coyuntura ó estructura, a nivel local, nacional ó internacional.  No siempre se puede, eso también es verdad.  A veces el funcionario no da el espacio, a veces no da la talla.  Pero con él sí se podía.

En una de tantas hablamos sobre el recambio de liderazgos en el país.  La oportunidad que se abre cada vez que una nueva generación accede a posiciones que poco a poco van cediendo los que salen de escena.  Esas pequeñas ventanas de oportunidad son preciosas.  Sobre todo en un país tan chico como Guatemala, en donde el espacio de toma de decisión es como el juego de las sillitas musicales: hoy este es mi lugar, mañana me sentaré en el tuyo, y pasado mañana en el de aquel otro.  Así hasta que otro patojo venga y quiera jugar con nosotros, y entonces alguien tendrá que salirse, porque las sillitas están cabales.   

Mi argumento era que el país iba a entrar lenta pero naturalmente en un proceso de mayor apertura al diálogo, donde ideas modernas y progresistas paulatinamente se abrirían espacio en las discusiones de los grandes temas nacionales.  Dicho razonamiento descansaba fundamentalmente en dos hechos. 

Primero, la distancia histórica de capítulos que polarizaron tanto las relaciones sociales y políticas en el país poco a poco tiene que surtir efecto.  El protoplasma que la protagonizó desaparecerá.  El polvo de la emotividad eventualmente tendría que asentar.  Allí volveríamos a tener la oportunidad dialogar y ojalá alcanzar acuerdos mínimos que enrumbaran el país en el mediano plazo. 

Y segundo, el proceso de formación en el exterior al cual tienen cada vez más acceso nuestros jóvenes intelectuales, pero del cual las élites económicas tampoco están exentos, tiene que aportar nuevos referentes, formas de vida en sociedad, marcos teóricos e institucionales.  Las experiencias vividas en América del Norte y del Sur, en Europa, e incluso en Asia, debieran volver al país, inoculadas en el día a día de estos muchachos privilegiados, que están siendo ya los nuevos interlocutores de un sector muy influyente en el país.

Meses después volvimos a vernos con el ministro, en el mismo teatro de reuniones internacionales.  Corriendo entre agendas, borradores de discursos, sesiones plenarias y almuerzos apurados.  Se volvió a abrir un espacio de conversación, y fue él quien esta vez comenzó diciendo: me quedé pensando en aquella conversación que tuvimos sobre la mayor apertura de las elites económicas como producto de liderazgos jóvenes.  Y ¿sabe qué pienso? Que será difícil.  Porque no es generacional.  Hay algo más de fondo que opera y que lo impide.  Entonces me quedé callado, respetando ese punto de vista distinto al mío. 

Tal episodio me vino a la mente después de leer la entrevista de Beatriz Colmenares a Andrés Castillo, y la visión que el presidente del CACIF trasluce sobre la multiculturalidad que nos define.  No quiero perder la fe.  Me gustaría en unos años poder levantar el teléfono o ir a visitar al ministro, y poder decirle ¡vio que yo tenía razón!  Pero luego suceden cosas como esta, y quedo con la sensación de haber razonado sobre supuestos equivocados, cuando no sobre una simple quimera.

Prensa Libre, 19 de julio de 2012.

miércoles, 11 de julio de 2012

Los senderos que se bifurcan

“(…) fundamentalmente han sucedido dos cosas: el centro de gravedad de la crisis se ha movido de los Estados Unidos a Europa y ha aumentado la incertidumbre sobre la desaceleración económica de China.”

Seguirle la pista a la coyuntura económica internacional es de suyo un ejercicio interesante y necesario.  Sobre todo desde la crisis de Lehman Brothers y la Gran Recesión que vino después, de la cual el mundo parece haber quedado en un estado de convalecencia prolongado y muy inestable.  Las razones de dicha fragilidad pueden ser varias. 

En ciertos casos porque los mecanismos nacionales e internacionales para tomar decisiones sustantivas operan con demasiada lentitud.  En otros porque simplemente las medidas de ajuste han cargado la mano demasiado hacia una dimensión (corrección fiscal) en desmedro de otras dimensiones tanto o más importantes para la estabilidad social, como la generación de empleo.  Cualquiera sea la razón, la sensación es siempre la misma: no se ha hecho lo suficiente y por ende seguimos en riesgo. 

En este contexto, recientemente fue publicado el informe macroeconómico 2012 del Banco Interamericano de Desarrollo titulado “El mundo de los senderos que se bifurcan.  América Latina y el Caribe ante los riesgos económicos globales”.  Interesante trabajo que da continuación al análisis del año anterior en el cual nos presentaba una región moviéndose en dos velocidades.

Por un lado, un grupo de países exportadores netos de commodities con alta exposición al comercio internacional de bienes y servicios con mercados emergentes, y baja dependencia de remesas provenientes de países industrializados.  Y por el otro, economías con características opuestas: mayor exposición con economías industrializadas y mayor dependencia de remesas provenientes de aquellos países.  El impacto de la recesión americana y el boom de precios internacionales era claramente diferenciado entre ambos grupos.    

El informe actualiza las condiciones económicas mundiales, en donde fundamentalmente han sucedido dos cosas: el centro de gravedad de la crisis se ha movido de los Estados Unidos a Europa y ha aumentado la incertidumbre sobre la desaceleración económica de China. 

A pesar de ello, el reporte mantiene un cauto optimismo con respecto a la región.  Los logros en materia de crecimiento, la capacidad de responder a choques externos, y el aprendizaje que se ha tenido en la implementación de políticas económicas y sociales, hacen pensar que Latinoamérica sigue a flote y con capacidad de enfrentar los cambios en el entorno global. 

Sin embargo, no deja de señalar focos de atención importantes.  La amenaza que constituye depender en exceso de productos primarios como el cobre para el caso peruano y chileno, o cereales para el caso de Argentina y Brasil, que podrían verse impactados negativamente por una contracción en China; las entradas de capital, que en economías emergentes muchas veces están asociadas a una crisis bancaria o recesión; la necesidad de mejorar el diseño de medidas contracíclicas para que efectivamente puedan cumplir dicho papel, expandiéndose en momentos de necesidad, y desmontándose cuando el entorno económico mejora; ó la exposición a bancos extranjeros, especialmente europeos, que pueden constituir un canal de contagio ante un frenazo en la economía del viejo mundo.

Habrá que ver cuál de todos los posibles senderos que se bifurcan finalmente ocurre, y si en efecto la región puede volver a enfrentar un nuevo remezón y salir bien librada.

Prensa Libre, 12 de julio de 2012. 

miércoles, 4 de julio de 2012

Enorme y desigual

“Más claro ni el agua: o se dialoga o no se avanza.”

México va a ser siempre un referente para Guatemala.  Históricamente ha sido como un hermano mayor.  De esos con los que se tiene una relación cordial, a ratos más estrecha, y por momentos guardando una prudente distancia. 

Es el segundo país más poblado de Latinoamérica, con el cual compartimos la mayor cantidad de kilómetros de frontera.  Nuestro cuarto comprador de exportaciones y segundo vendedor de importaciones.  Y además, es el paso natural hacia los Estados Unidos de nuestros paisanos que deciden migrar al norte, y de las armas y droga que circulan en doble vía. 

De allí la importancia de tomarle el pulso a lo que ha pasado el último domingo durante el evento electoral.  Un resultado que, en apariencia, no arrojó tantísimas sorpresas, sobre todo para fortuna del candidato que salió más votado en las urnas.     

Inmediatamente han comenzado a brotar los análisis sobre lo que podrán ser temas prioritarios, al menos al inicio del sexenio.  Productividad, seguridad, y diálogo político parecen estarse instalando. 

El primero ha aparecido por lo menos de tres maneras.  Como la necesidad de una reforma laboral, pero también a través de una reforma educativa que aumente la calidad y el desempeño de los estudiantes, y en la necesidad de articular mejor los sistemas de protección social a la dinámica de los mercados laborales y las perspectivas de inserción de los usuarios de tales programas.  Todo va en la misma dirección: aumentar la productividad de la mano de obra mexicana, reconociendo que es allí en donde reside la sostenibilidad del crecimiento económico, pero también la posibilidad de reducir pobreza y desigualdad. 

En cuanto al segundo, aunque bastante ausente durante la campaña electoral, comienzan a aparecer declaraciones que habrá que seguir con atención.  Por ahora, el presidente electo ha dicho por un lado que no habrá “ni pacto ni tregua”, y por otro lado también ha hablado de obtener resultados inmediatos, de rexaminar la política actual de la administración Calderón, de extender el diálogo con los Estados Unidos a temas de control de demanda.  Este es un tema particular interés y sensibilidad para los centroamericanos, quienes vivimos las consecuencias, reacciones y reacomodos del crimen organizado transnacional, ante las medidas que se toman al otro lado del Suchiate. 

Finalmente, en el frente político, los nuevos titulares del poder público tienen que estar muy conscientes de que estarán en la mira de una parte de la ciudadanía que ha manifestado con mucha fuerza su inconformidad por la mediatización de la democracia.  Muñoz Ledo señala en una columna de opinión que el movimiento #YoSoy132 (sic) “ha sembrado dos cuestiones fundamentales: la indispensable democratización de las telecomunicaciones y la introducción de métodos de participación social en la toma de las decisiones”. 

Pero además, en las urnas el mensaje también ha quedado claro: el PRI no obtuvo mayoría absoluta en el congreso, más del cincuenta por ciento de la población no los quería en la presidencia, y en el Distrito Federal la victoria del candidato del PRD fue arrolladora.  Más claro ni el agua: o se dialoga o no se avanza.  

Como dice el diario El País, “el nuevo inquilino de Los Pinos tendrá un trabajo titánico por delante: gobernar durante seis años un país enorme y desigual".  Y por si fuera poco, deberá hacerlo con un partido señalado de vicios y corruptelas de larga data. 

¿Cuál será el tono de la relación que Guatemala tendrá con México en los siguientes años?  No lo sabemos.  El interregno apenas comienza.

Prensa Libre, 5 de julio de 2012.

jueves, 28 de junio de 2012

Más arte que ciencia


“No hay que olvidar que las sociedades mastican despacito y que el guatemalteco siempre está buscando por dónde le quieren meter gol.”

Poco a poco comienza a levantarse el velo de la ignorancia con respecto a las reformas constitucionales que propone el gobierno.  En nombre de los que estamos en la diáspora, agradezco a los medios de comunicación escrita por la cobertura y la socialización de textos, opiniones y análisis, que van poniendo a disposición de lectores.  Su papel en este proceso es fundamental para traducir una discusión que, de más decirlo, escapa al interés de la gran mayoría de guatemaltecos, aún y cuando lo que está en juego redefina el tono de su interlocución con el Estado y sus instituciones. 

Dicho lo anterior, la información que circula ya nos da para hacer unos primeros tiros al marco.  Indiscutiblemente en la propuesta hay muchas ideas.  Algunas ciertamente interesantes, que atienden preocupaciones sobre disfuncionalidades de larga data en la administración pública, sobre temas que quedaron inconclusos del proceso de paz, o sobre actualizaciones que deben hacerse al contrato social ante la nueva realidad que claramente ha rebasado los alcances de la Constitución vigente. 

El número de diputados que integran el parlamento, el proceso de interpelación a ministros, la carrera de servicio civil meritocrática para optar a cargos públicos, el proceso de aprobación del presupuesto nacional, idiomas oficiales, ó la participación del Estado en empresas explotadoras de recursos naturales, son solamente algunos ejemplos.  

Por otra parte, dada la magnitud de la reforma que se están proponiendo, queda la sensación de que el tiempo de deliberación con la sociedad civil y otros actores políticos relevantes puede no ser suficiente.  Más fácil decirlo que hacerlo, ya lo sé, pues al final es un proceso político que tiene más de arte que de ciencia.  En donde se debe calibrar con mucha maestría la velocidad del ejercicio, de manera que no se agote la ventana de oportunidad política, pero que tampoco la prisa se convierta en fuente de desconfianza. 

El diablo siempre está en los detalles, y hacer alusión a leyes que todavía no existen, ó dejar gruesos vacíos de interpretación puede, en el mejor de los casos, despertar suspicacias, y en el peor, traerse al traste el esfuerzo completo.  No hay que olvidar que las sociedades mastican despacito y que el guatemalteco siempre está buscando por dónde le quieren meter gol.

Por otra parte, aún y cuando los temas elegidos sean los correctos, y las medidas concretas puede que satisfagan el espíritu de la reforma, hay otro gran riesgo que debemos perder de vista: la forma de consultar al pueblo.  Dada la amplitud del contenido que se vislumbra, si se consulta en bloque, en el formato “se aprueba todo o no se aprueba nada”, el riesgo de fracasar aumenta. 

La evidencia nos dice que la fórmula de sumar votos por afinidad con tal o cual artículo reformado generalmente no sucede.  Lo que termina aglutinándose es el voto que se opone a una medida por aquí y otra por allá.  Aquí las lecciones de la consulta popular anterior debieran percolar.  

Por de pronto, sigamos observando esta interesante coyuntura.

Prensa Libre, 28 de junio de 2012. 

jueves, 21 de junio de 2012

Love is in the air

“Es totalmente inoperante seguir con el mecanismo de aprobación parlamentaria préstamo por préstamo.”

Así como aquella canción de los setentas “Love is in the air”, los economistas guatemaltecos pueden cantar hoy algo parecido con el tema de las reformas a la Constitución.  El rumor abunda y las opiniones de algunos colegas no se han hecho esperar.  Así que algo ha de estar pasando, porque cuando el río suena…

Por supuesto que todos están jugando su papel, los que están en el ruedo, guardan silencio y ponen cara de jugador de póker, no sea que se les queme el pastel en la puerta del horno.  A los que estamos en galería nos toca leer el tarot, buscar información en los pasillos, interpretar silencios y comentarios.  Así es el juego político en democracia.

Pero independientemente de lo que finalmente se acuerde, bien vale la pena aprovechar la ventana de oportunidad que se ha abierto, y sentarnos a discutir ampliamente sobre algunos temas.  En algunos casos para consensuar que efectivamente hace falta una reforma, y en otros para ratificar que vamos por la senda correcta.    

Así por ejemplo, tratar de reabrir el tema del financiamiento del banco central al gobierno francamente no creo que sea recomendable en este momento.  Y no porque debamos adoptar una posición dogmática hacia la estabilidad macroeconómica, sino porque es probablemente uno de los pocos acuerdos que hemos alcanzado, que funciona, que ha institucionalizado una cierta disciplina en la gestión de las finanzas públicas, que va más allá el ministro o presidente de turno.  Ese sería un retroceso, no una reforma. 

Distinto es abrir el debate a temas como la forma en que se aprueba el endeudamiento externo.  Es totalmente inoperante seguir con el mecanismo de aprobación parlamentaria préstamo por préstamo.  Es un juego totalmente perverso, que no hace sino desvirtuar – por no decir prostituir – la discusión que debe darse en el Congreso de operaciones que tienen un objetivo de desarrollo, pero que desafortunadamente necesitan del voto parlamentario para poder entrar en vigencia.  ¡Tenemos casos de préstamos que se toman tres, cuatro y hasta cinco años para entrar a funcionar, gracias a este esquema pinche!

Mucho más eficiente sería poder discutir en el parlamento el monto global del endeudamiento externo que se autoriza contratar al gobierno central en un período de tiempo.  Hacerlo de esa manera acota la discusión al impacto de la deuda externa en la estabilidad macroeconómica del país.  Una vez acordado en el Congreso dicho monto, sería competencia de los técnicos del Ministerio de Finanzas determinar cuál es la mejor mezcla de recursos para perseguir los objetivos que se han planteado.   Esa sí sería una reforma para avanzar.

De igual forma, hay otras áreas mucho más estratégicas, en donde está haciendo falta apretar tuercas.  La composición y funcionamiento de la Junta Monetaria, y el conflicto de interés de tener allí metidos a representantes que son juez y parte; ó el tema de asignaciones constitucionales y la necesidad de contar con mecanismos que asocien el monto de la transferencia con un mínimo de calidad en la ejecución de dicho gasto público.  Dos ejemplos en los cuales nos está haciendo falta mucha creatividad para corregir fallos de diseño institucional.

Como siempre, la pregunta sigue siendo la misma: ¿quién le pone el cascabel al gato? 

Prensa Libre, 21 de junio de 2012. 

jueves, 14 de junio de 2012

Dicho a Pedro para que oiga Juan


“(…) ¿o sea que las decisiones económicas se ensucian con el barro de la política partidista?, jamás me lo hubiera imaginado...”

La coyuntura económica mundial se pone cada día más interesante, por decir lo menos.  Ahora no solamente hay que preocuparse por seguir el ciclo económico, algo ya de por sí bastante complejo, sino que además debemos sobreponerle el ciclo político, que indudablemente está condicionando muchas de las alternativas que se barajan para salir del atolladero.  Tres ejemplos son muy ilustrativos del amplio espectro que va de lo técnicamente aconsejable a lo políticamente factible. 

Por un lado tenemos el análisis puro y duro que hacen Ferguson y Roubini, dos economistas estadounidenses, quienes plantean un conjunto amplio de medidas técnicas para el rescate de la unión monetaria europea.  Estas incluyen, en la parte más ortodoxa, recapitalización bancaria, seguro europeo de depósitos y mutualización de la deuda.  Pero también sugieren acciones que estimulen el crecimiento de la productividad, tales como una mayor flexibilización monetaria por parte del banco central europeo, un euro más débil, más gasto en infraestructura e incrementos salariales por encima de la productividad para dinamizar ingresos y consumo de la población.

El segundo ejemplo, más mezclado, lo ofrece Paul Krugman al disparar contra la obsesión que tienen bancos centrales para no bajar tasas de interés, aun cuando (sic) “la inflación se ralentiza y las expectativas del mercado en cuanto a la inflación futura se han hundido. Y de acuerdo con cualquiera de las normas habituales de la política monetaria, la situación exige una rebaja drástica de los tipos de interés.”  

Lo interesante de Krugman es que lleva su argumento todavía más lejos, saliendo del terreno tecnocrático, y nos sugiere que, probablemente en el caso de la Reserva Federal de los Estados Unidos, la razón para la inacción sea tomar distancia del momento electoral, y no ser percibidos como partidarios de las propuestas del actual presidente.   ¡Madre mía!, ¿o sea que las decisiones económicas se ensucian con el barro de la política partidista?, jamás me lo hubiera imaginado…

Finalmente, en el otro lado del espectro están las recientes declaraciones del presidente Obama quien, a propósito de la crisis en España, alerta sobre la necesidad de moderar el discurso de austeridad a rajatabla que pregonan algunos.  El argumento que da es muy simple: austeridad a secas no hará sino deprimir salarios y nivel de empleo, lo cual se traduce en una menor capacidad de compra de los ciudadanos europeos. 

Esto no sería un problema para la (aún) economía más grande del mundo si no fuera porque la globalización nos ha vuelto interdependientes.  El mensaje del presidente norteamericano es que el consumo europeo puede ser un dinamizador de la producción y economía norteamericanas.  Ninguna novedad en ello.  Al fin y al cabo algún costo habríamos de pagar, ¡oh dichosos consumidores!, por vivir en una aldea global que abarata precios y amplía menú de bienes y servicios de nuestra canasta. 

Algunos han interpretado las palabras de Obama como argumento electoral, en donde “se lo digo a Pedro (europeos) para que lo oiga Juan (norteamericanos)”.  Al recalcar la naturaleza internacional de la crisis, trata de tomar distancia del juicio político que los votantes están haciendo de su gestión económica.

Todos los análisis, desde los más técnicos a los más político-electorales, coinciden en reconocer que la solución no puede verse en términos excluyentes entre crecimiento versus austeridad, sino más bien en una mezcla de medidas que, corrigiendo desequilibrios macroeconómicos, preserven la democracia y la paz social.  Para lo segundo, estimular empleo (primero) y productividad (después) son fundamentales.

Dicho de otra manera, el fin último debe ser el bienestar de las personas.  La salud de sistemas financieros y de las finanzas públicas son simples medios para alcanzar aquello. 

Prensa Libre, 14 de junio de 2012. 

jueves, 7 de junio de 2012

Nuevas Trenzas

“Es necesario visibilizar ante el Estado y la sociedad la realidad de aquellos segmentos de población que enfrentan oportunidades desiguales para alcanzar su desarrollo.”

En América Latina hay muchas cosas que ya sabemos de las dinámicas rurales, pero también hay un vació de información que, a menos que se llene con evidencia reciente, lo que termina pasando es que se alimenta de clichés sin mucho fundamento o, en el mejor de los casos, de nociones incompletas.   Así por ejemplo, sabemos que la pobreza golpea más fuertemente a la población rural e indígena que a la población urbana, y que en el caso de la desigualdad la historia es al revés. 

Y aunque también estamos conscientes de que somos un continente joven, la verdad es que no nos hemos dado mucho a la tarea de husmear los rasgos de la juventud rural, mucho menos de las mujeres jóvenes rurales.  Ese es justamente el objetivo de un proyecto regional llamado Nuevas Trenzas (www.nuevastrenzas.org).  Conocer (sic) “quiénes son hoy en día las mujeres rurales jóvenes, sus aspiraciones y expectativas, aquello que las conecta y aquello que las diferencia de sus madres y abuelas, los problemas y oportunidades que encaran y los retos que deben enfrentar para salir de situaciones de estancamiento y pobreza y acceder a una vida digna.” 

En él participan seis países de la región: Perú, Nicaragua, Ecuador, El Salvador, Colombia y Guatemala, planteándose metodologías tanto cuantitativas como cualitativas.  Han salido a buscar los últimos censos de población y encuestas de condiciones de vida, y también han construido grupos focales e historias de vida.  Ello les está permitiendo construir una narrativa muy interesante alrededor de la nueva mujer rural.

Ya han comenzado a salir algunos resultados de su trabajo, revelándonos tendencias interesantes.  Por ejemplo, el proceso de desfeminización del campo, en parte explicado por los procesos migratorios; la reducción de la brecha educativa entre mujeres y hombres rurales,  llegando casi a desaparecer (o incluso revertirse en favor de las mujeres) en el nivel primario; ó la reducción de la brecha educativa entre las mujeres urbanas y rurales, probablemente explicada por un aumento del gasto público social, pero también por una narrativa de superación que ha logrado arraigarse en las nuevas generaciones; así como el mayor acceso a tecnología (celular e internet), con lo cual se amplía el menú de opciones y comparadores de vida para este grupo social.

Sin embargo, no todo son buenas noticias ya que aún persisten fuertes diferencias (brechas) que deben ser atendidas.  Una de ellas tiene que ver con las opciones de empleo a las que acceden las mujeres jóvenes rurales.  El trabajo no remunerado dentro del hogar persiste más que para los hombres jóvenes rurales, y con una clara diferenciación de actividades que son vistas como típicas de cada sexo.  Asimismo, la percepción que hay sobre el matrimonio y el punto de quiebre que supone en los proyectos de vida de las jóvenes en el campo.

¿Por qué son importantes ejercicios analíticos como este?  En un sentido amplio, porque para pensar en políticas de desarrollo rural hay que conocer a los actores que habitan el territorio.  Y en un plano más específico, porque es necesario visibilizar ante el Estado y la sociedad la realidad de aquellos segmentos de población que enfrentan oportunidades desiguales para alcanzar su desarrollo.

Si bien es cierto la mujer joven rural sigue siendo un colectivo en desventaja, la evidencia también nos dice que está en un claro proceso de transición.  Los nuevos estímulos y condiciones a los que está expuesta hoy, no solamente la hacen distinta de sus madres y abuelas, sino que pueden ayudar a desarrollar sus capacidades, y con ello transformar el medio en donde vive. 

Esperamos ansiosos la divulgación de los resultados finales, pero sobre todo la discusión que deberá generar en la región.  ¡Muchos éxitos y adelante!  

Prensa Libre, 7 de junio de 2012.

jueves, 31 de mayo de 2012

De protección a producción


“(…) quizás tenemos que comenzar a hablar de menús de egreso para los beneficiarios de las redes de protección social.”

Prácticamente todos los países de América Latina tienen hoy un programa de transferencias condicionadas en efectivo.  La hipótesis original de esta revolución en la forma de hacer protección social era muy simple: proveer de un poco de dinero a los hogares pobres para aliviarles la limitación de recursos hoy, a cambio de lo cual se les pide que envíen a sus hijos a la escuela y al centro de salud.  La apuesta de largo plazo era acumular capital humano para romper así el ciclo perverso de transmisión intergeneracional de la pobreza. 

Con mayor o menor nivel de rigurosidad y sofisticación, todos o casi todos estos programas han sido evaluados en los impactos esperados sobre escolaridad y nivel de salud de los niños, así como sobre el nivel de consumo e ingreso de los hogares beneficiarios de estas intervenciones.   De manera que esa parte de la historia ya la tenemos más o menos clara. 

Pero como el desarrollo es algo dinámico y mucho más complejo, han surgido nuevos desafíos.  Con la transferencia de ingreso se atiende la restricción presupuestaria de hoy, y con la condicionalidad se intenta corregir el déficit en capital humano de largo plazo.  Pero ¿qué pasa en el mediano plazo?  En otras palabras, ¿qué pasa con la productividad de los que hoy son adultos en condición de pobreza? Sigue habiendo un vacío importante que debe ser atendido. 

En el caso de la población rural esta necesidad puede atenderse a través de proyectos productivos, que permitan aumentar el capital humano (productividad) de las madres y padres de los niños que van a la escuela gracias a tales transferencias.  Mucho más fácil decirlo que hacerlo, pues la pregunta inmediata es ¿cómo diseñar tales proyectos productivos? ¿qué características deben tener? ¿se pueden articular a los programas de transferencias monetarias?

Alguna evidencia nos indica que hay un “trade off” entre permitir a los mismos usuarios de los programas sociales y productivos que elijan su propia estrategia de salida versus diseñar intervenciones de alcance más amplio. ¿Por qué?

Por una parte, hay economías de escala en diseñar intervenciones que lleguen a un gran número de personas.  Herramientas como los sistemas de monitoreo y evaluación o los registros únicos de beneficiarios se pueden utilizar para más de un programa, y con ello ganamos en eficiencia en el uso de los recursos públicos. 

Pero al hacer esto se pierde la posibilidad de diseñar proyectos que reconozcan necesidades diferenciadas de las personas que habitan en distintos territorios.  ¿Quiere decir esto que es más fácil diseñar programas de transferencia de ingresos que proyectos productivos?  Probablemente.  Mientras que el esquema básico de una transferencia monetaria no varía, las opciones que puede elegir una persona para desarrollar una actividad productiva son muchas y diversas.  Surgen entonces nuevas preguntas ó desafíos para el diseño de las nueva generación de programas sociales y productivos para la reducción de la pobreza rural. 

Por ejemplo, quizás lo que necesitamos es buscar un punto intermedio que permita incorporar una dimensión territorial a la planificación de nuestra política social y productiva.  Algo particularmente relevante en contextos como los latinoamericanos, en donde la movilidad social está limitada por los altos niveles de desigualdad económica y social. 

Quizás hay que estar conscientes de que aquellas intervenciones que son exitosas en un territorio y condiciones muy particulares, no pueden ser llevados a una escala nacional y, por tanto, tendrán efectos mucho más limitados en comparación con proyectos acotados a territorios y condiciones específicas.  

O quizás tenemos que comenzar a hablar de menús de egreso (estrategias de salida) para los beneficiarios de las redes de protección social. 

En cualquier caso, está claro es que tenemos por delante un enorme vacío de conocimiento que debemos llenar muy pronto, para continuar avanzando por una senda de reducción de pobreza y desigualdad en la región que sea realmente sostenible.  

Prensa Libre, 31 de mayo de 2012.

jueves, 24 de mayo de 2012

Desafíos de la ruralidad latinoamericana

“Desde una perspectiva estratégica, el seminario tuvo un segundo objetivo, que tiene que ver con el esfuerzo que el FIDA está haciendo por implantar una práctica de discusión de política pública basada en evidencia.”

En el marco del retiro anual de la División de América Latina y el Caribe del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), el lunes de esta semana se llevó a cabo en Antigua Guatemala un seminario internacional titulado “Desarrollo rural en América Latina: preguntas, perspectivas y desafíos”.  El evento fue organizado por el FIDA y la Asociación de Investigación y Estudios Sociales (ASIES). 

Uno de los objetivos de la actividad era discutir algunos de los temas estratégicos que tiene la agenda de desarrollo rural en la región.  El primero de ellos discutió las tendencias del gasto público en territorios rurales, permitiéndonos ver patrones de regresividad-progresividad, focalización y evolución del gasto sectorial en educación y salud. 

El segundo versó sobre los retos que tiene la inclusión financiera en poblaciones rurales pobres.  Un tema complejo, en la que expositores y asistentes debatieron intensamente sobre le menú de servicios financieros – crédito, seguros, instrumentos de ahorro, etc. – que se deben y pueden ofrecer a los pobres rurales.

El tercer tema nos ofreció una mirada crítica a la complementariedad que debe darse entre programas de protección social y programas de desarrollo productivo en el campo.  Tema de agenda en muchos de los países de la región, cuando se plantean estrategias de egreso para los beneficiarios de los programas de transferencias condicionadas en efectivo.

Y finalmente, el cuarto tema tuvo que ver con innovaciones en proyectos de desarrollo rural y cómo poder ampliar su impacto a través de aumentar la escala de dichas intervenciones.  Allí se habló de la forma en que se generan innovaciones, cómo viajan de un territorio a otro, cómo se adaptan a los contextos de cada lugar, y las condiciones mínimas que deben tener para ser sostenibles en el tiempo. 

Desde una perspectiva estratégica, el seminario tuvo un segundo objetivo, que tiene que ver con el esfuerzo que el FIDA está haciendo por implantar una práctica de discusión de política pública basada en evidencia.  Y para lograrlo, es claro que necesitamos tender puentes de comunicación y debate permanentes entre aquellos que hacen investigación y generación de conocimiento de naturaleza académica, con aquellos otros que tienen a su cargo la implementación y materialización de dicho conocimiento en proyectos y políticas de desarrollo rural.   

Tal y como esperábamos, de las presentaciones de expositores, comentaristas, y del intercambio con el público asistente, salieron una serie de ideas, muchas muy poderosas y provocadoras en cada uno de los temas descritos anteriormente.  Por razones de espacio comentaré algunas de ellas en una siguiente entrega.  Sin embargo, si usted tiene interés en ahondar un poco en la discusión, dese una vuelta por el siguiente vínculo de internet, el cual lo lleva a varias notas de prensa y material generado durante el evento: http://www.ifad.org/media/press/2012/34.htm

Prensa Libre, 24 de mayo de 2012.

De pobreza a desigualdad (II y final)

“Casi hemos logrado instalar un lenguaje en el que se ha vuelto políticamente incorrecto ignorar el tema.”

Sigo con la discusión de la semana pasada, en donde hacía referencia a la evolución tanto del discurso sobre desarrollo económico como su manifestación concreta a través de presupuestos de gobierno, préstamos internacionales, leyes e instituciones, ha tenido durante las últimas tres décadas. 

Lo resumía en un tránsito de lo macro a lo micro, pasando de estabilidad macroeconómica en los años ochenta, a una agenda de crecimiento de los noventa, de reducción de pobreza en los dos mil, y la inconclusa discusión sobre desigualdad (equidad) que tenemos en los últimos años.  Decía además que, para posicionar esta agenda de equidad con un cierto nivel de tracción, al igual que sucedió en su momento con los paradigmas de estabilidad, crecimiento y pobreza, enfrentamos algunos desafíos. 

El primero de ellos es de carácter metodológico.  Es decir, ¿con qué instrumental debemos aproximarnos a la desigualdad en los tiempos modernos?  Hay aproximaciones interesantes como la de desigualdad de oportunidades, conceptos como trampas de desigualdad o disfuncionalidad de la desigualdad, incluso enfoques como el desarrollo territorial, que ofrecen un potencial para revelar características y determinantes del fenómeno.  Sin embargo, en muchos casos la teoría va mucho más delante de la capacidad de contrastarla empíricamente, ni se diga de la capacidad de implementar recomendaciones de política. 

Esto me lleva al segundo reto que es de naturaleza empírica.  Es preciso bombear evidencia regular, sistemática, y con una escala (representatividad) mínima para mantener viva la discusión en el plano de la política pública.  Para eso necesitamos un cierto tipo de datos estadísticos.  Pero ¿cómo le hacemos para generarlos con la frecuencia y calidad necesarias para movernos de fotografías a películas?, y ¿cómo hacer la venta política para que recursos financieros, humanos e institucionales sean asignados a esta nueva prioridad?  

Este mismo proceso de venta me lleva a plantear el tercer desafío, que tiene que ver fundamentalmente con los sistemas de incentivos de los tomadores de decisión política.  ¿Cómo lograr que la clase política incorpore la equidad en su función objetivo?

El problema que tenemos es que, a diferencia de los paradigmas anteriores, política y equidad se mueven a velocidades distintas.  Ese no era el caso antes.  La estabilidad macroeconómica, el crecimiento, incluso la misma reducción de pobreza – sobre todo en su dimensión de ingreso – se pueden monitorear dentro de los tiempos políticos que imponen nuestros sistemas democráticos.  Ello hace mucho más sencillo alinear incentivos de tomadores de decisión con tales objetivos de desarrollo.    

Finalmente, el cuarto reto es de naturaleza semántica – confieso que lo he bautizado así a falta de mejor término –.  Tiene que ver con el discurso propiamente dicho.  De los cuatro, éste es quizás el que más hemos logrado avanzar.  Casi hemos logrado instalar un lenguaje en el que se ha vuelto políticamente incorrecto ignorar el tema.  Un logro que no es menor, ya que justamente el lenguaje y sus categorías conceptuales se convierten en referente de aquellos que deciden cómo se priorizan los recursos públicos. 

Aquí hay que reconocer que en esta batalla es fundamental el aporte que hace la academia latinoamericana.  Deben continuar jugando su papel de martillo sobre ciertos conceptos hasta convertirlos en estrellas polares de la discusión colectiva.  En ese sentido, el trabajo de centros de pensamiento como el ColMex, CIDE, IPEA, SEDLAC, IEP, RIMISP, universidades e institutos de investigación en general, es esencial para no dejar caer el interés y mantener actualizado el debate.   

Hoy contamos además con una coyuntura favorable para arraigar de una vez por todas a la equidad como objetivo de desarrollo: la crisis internacional que viven muchos países ha puesto sobre el tapete las enormes brechas entre mayorías que mal viven con muy poco y minorías que subutilizan su abundancia.  A ver hasta dónde somos capaces de asumir este nuevo paradigma. 

Prensa Libre, 17 de mayo de 2012.

miércoles, 9 de mayo de 2012

De pobreza a desigualdad (parte I)


“(…) en los últimos cinco años pataleamos, cual adolescentes, intentando decidir si la equidad debiera o no ser el tema más importante de nuestro tiempo..”

Hace un par de semanas tuve el gusto de participar en un seminario organizado por el Colegio de México sobre pobreza y desigualdad rural en América Latina.  Motivado por las discusiones que escucho en diferentes círculos – académicos, instituciones financieras de desarrollo, gobiernos, y algunos medios escritos –, preparé una pequeña intervención titulada “De pobreza a desigualdad: ¿qué implica cambiar de paradigma?”.

Porque hay una discusión muy rica allá afuera de nuestras fronteras geográficas que, si bien es cierto escapa a nuestro control e influencia porque somos un país y economía pequeñas, de todas formas ejerce influencia en nosotros.  En la manera como concebimos el desarrollo, en los instrumentos de política que usamos o sugerimos, y la forma de priorizar la acción pública.  De eso no me cabe la menor duda. 

Una forma de tomarle el pulso al debate es extraer las señales que emanan del discurso internacional.  Aquel que se encuentra en los informes mundiales y regionales como los que generan instituciones de Bretton Woods, sistema de Naciones Unidas, bancos de desarrollo regional.  Aunque no son las únicas fuentes, nos guste o no, son las que más se divulgan y utilizan como referente.  De allí su relevancia.   

Y no me refiero a aquellas ideas que, aunque añejas e importantes, por una razón u otra no terminaron de salir del cascarón, quedándose circunscritas al mundo de los artículos especializados y círculos de discusión al que sólo acceden los bárbaros ilustrados.  Hablo más bien de aquellos otros planteamientos que sí lograron permear, colándose a esferas más mundanas, como las de los ministerios, secretarias, aulas universitarias, gremios empresariales, prensa, y centros de investigación social aplicada. 

Caricaturizando un poco y con el ánimo de provocar debate, se pueden trazar pinceladas gruesas sobre la forma como la Economía ha evolucionado en su concepción del desarrollo.  La más clara es el tránsito de lo macro a lo micro. 

Es decir, hemos transitado de la estabilidad macroeconómica a rajatabla, con sus expresiones clásicas de férreo control del endeudamiento público y la inflación, durante los años ochenta.  Mutamos luego a una agenda de crecimiento, liberalización de mercados y privatización, durante los años noventa.  Seguidamente nos convertimos al nuevo evangelio de la reducción de pobreza como objetivo supremo. Y en los últimos cinco años pataleamos, cual adolescentes, intentando decidir si la equidad debiera o no ser el tema más importante de nuestro tiempo. 

Estos diferentes centros de gravedad son importantes porque no solamente se han quedado en discursos o informes de anaquel.  Más bien han logrado convertirse en programas de gobierno, en carteras de préstamo con organismos multilaterales, en nuevos ministerios, en instituciones financieras nacionales y regionales, en leyes, en prioridades de gasto público.  Que al final no hacen sino reflejar una concepción en cuanto a la función del Estado, la economía, y la manera en que suponemos se deben articular para lograr el bienestar social. 

Si la equidad será el color de la discusión en los años por venir, para poder instalar este nuevo paradigma en la visión de desarrollo latinoamericana creo que tenemos por lo menos cuatro desafíos.  Para que efectivamente tenga, cuando menos, el mismo agarre ó tracción que tuvieron las ideas de estabilidad, crecimiento y pobreza en las últimas tres décadas.  Sobre ellos me referiré en mi siguiente columna. 

¡Muy feliz día de la madre a todas las mujeres guatemaltecas que tienen en sus manos la vida de nuestros amados hijos!

Prensa Libre, 10 de mayo de 2012.
 

jueves, 3 de mayo de 2012

¿Otro ministerio?


"Sin decirlo abiertamente, estamos poniendo a competir la vieja concepción sectorial con una visión más transversal de la administración pública.”

El fin de semana pasado los medios nos contaron la última novedad del gobierno.  En el marco de la iniciativa “Todos tenemos algo que dar”, el Presidente Pérez Molina salió al campo con un grupo de voluntarios para darles su baño de realidad nacional: vivir con los pobres un día, comer su comida, hablar con ellos, darse la mano, usar su baño, sentir por un rato sus necesidades. 

Pero no es eso lo que quiero resaltar.  Y no porque sean poco importantes estos ejercicios de sensibilización.  Al contrario, ¡ojalá y fuera la norma en el país!  Si los jóvenes de la capital y cabeceras departamentales tuvieran la oportunidad de salir con frecuencia a exponerse a las condiciones de vida de nuestros paisanos en lugares apartados y mucho más limitados de oportunidades, seguramente nos imaginaríamos a Guatemala de otra manera.  Mucho más incluyente, compartida, de todos.   

Al final de la jornada el Presidente anuncio que analizan crear un ministerio de desarrollo rural que coordine a entidades como la Secretaría de Asuntos Agrarios, el Fondo de Tierras, y a todas las instituciones públicas que desarrollen programas y proyectos para combatir la pobreza en las áreas rurales y políticas de desarrollo agrícola.  Así como lo lee: otro ministerio más.  ¿Qué le parece? 

Algunos no tardarán en saltar con pancartas y a grito pelado bufarán que ya hay suficientes burócratas y trámites en el país.  Que eso solamente contribuirá a hacer todavía más lenta y onerosa la gestión pública.  Otros, probablemente contaremos hasta diez antes de opinar. 

Aunque si lo piensa un poco más despacio, en realidad la idea no está fuera de foco.  Es claro que el organigrama del Estado necesita una remozada.  Ya no responde a las necesidades de momento.  Hay ministerios urgidos de redefinir su papel.  Hay instituciones del Estado que necesitan ganar espacio y autonomía para poder tener más presencia estratégica en la gestión pública.  Como también hay nuevas necesidades que demandan la creación de espacios institucionales inéditos.

Pero además, y quizás aquí es donde valga la pena poner más atención, poco a poco nos deslizamos hacia un nuevo organigrama del sector público.  Primero, el esfuerzo que hizo la SEGEPLAN en materia de descentralización y desarrollo territorial, luego la creación del ministerio de desarrollo social, y ahora la idea de un ministerio de desarrollo rural.  Sin decirlo abiertamente, estamos poniendo a competir la vieja concepción sectorial con una visión más transversal de la administración pública.  Le estamos cambiando la función objetivo al gobierno. 

Lo importante aquí es no caer en la trampa de soluciones “suma cero”.   No se trata de una pelea entre los ministerio de educación y salud versus el ministerio de desarrollo social, o entre el ministerio de agricultura versus un ministerio de desarrollo rural. 

Se trata de reflejar en el aparato público la realidad del país.  En el caso del campo, por ejemplo, hay que reconocer que desde hace muchos años el desarrollo rural dejó de pasar única y exclusivamente por el desarrollo del sector agrícola.  Hay otras dimensiones que definen a los hogares rurales y sus formas de vida. 

En esa medida debemos entonces reflexionar esta gradual reforma del Estado, y definir las competencias de cada institución, la manera en que se coordinarán, los mecanismos que tendrán para monitorear y evaluar sus intervenciones en los territorios y para rendir cuentas a la ciudadanía.  Es la única forma de mejorar la gestión pública y aumentar la presencia pública en las zonas más atrasadas del país. 

Si conceptos como desarrollo territorial, desarrollo social y desarrollo rural son cada vez más una prioridad, y por ello es que se corresponden con una reorganización del aparato estatal; si estamos dispuestos a cambiar la función objetivo de las políticas públicas, dándole un enfoque cada vez más integral y coordinado; y si estas nuevas prioridades se traducen efectivamente en un ejercicio presupuestario que las refleje como tales; entonces iniciativas como las que escuchamos el fin de semana podrían traer buenas noticias para los guatemaltecos.

Prensa Libre, 3 de mayo de 2012.

El informe RIMISP


“Distinto sería si estuviésemos hablando de países como los nórdicos, en donde la gran mayoría de su población está alrededor de la media.”

La literatura sobre desigualdad ha reconocido desde hace unos años la necesidad de cambiar el eje de la discusión.  Cada vez se habla menos de desigualdad entre países y más de desigualdad a lo interno de cada país.  Algunos llevan el argumento todavía más lejos y dejan atrás la distinción gruesa entre urbano y rural, para escarbar en diferencias más finas.  Entre regiones y municipios, ó con relación a diferentes grupos sociales – mujeres, jóvenes, indígenas, o afro descendientes.  

Es en esa perspectiva que el centro latinoamericano para el desarrollo rural RIMISP hizo una apuesta interesante hace algunos meses al proponerse elaborar un informe regional sobre pobreza y desigualdad con enfoque territorial.  A partir de estadísticas y bases de datos oficiales capturan seis dimensiones socioeconómicas del bienestar: salud, educación, dinamismo económico y empleo, ingresos y pobreza, seguridad ciudadana e igualdad de género.  Y lo hacen al mayor nivel de desagregación posible.  

Además, diferente a los informes que regularmente producen organismos regionales y mundiales como PNUD, CEPAL o Banco Mundial, el trabajo fue comisionado a especialistas de universidades, centros de pensamiento y organismos de la sociedad civil en la región, con lo cual abona al fortalecimiento de capacidades locales.  Los países investigados fueron: Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, El Salvador, Guatemala, México, Nicaragua y Perú.  Cabe señalar que estos diez países concentran aproximadamente el 85% de la población de América Latina, el 90% del producto interno bruto y casi la totalidad de los pobres de la región. 

La primera parte del informe documenta las brechas territoriales que existen en cada país.  Allí se revela cómo en algunas dimensiones de bienestar, las zonas urbanas son más rezagadas que las rurales.  Por ejemplo en materia de desigualdad y seguridad ciudadana.  Por su parte, las zonas rurales no solamente presentan los mayores rezagos en acceso a servicios básicos, sino que además una profunda inequidad de género así como con relación a ciertos grupos étnicos.  

La segunda parte busca explicaciones a estas brechas.  Dentro de las hipótesis que lanza están la existencia de políticas públicas regresivas por cuanto apoyan de manera privilegiada a territorios que cuentan con capacidades, riqueza y bienestar mayores al resto del país.  Así también se señala la debilidad de gobiernos locales para gestionar la función pública y articular esfuerzos públicos y privados.  O bien capacidades limitadas de la misma sociedad civil, que no logra acuerdos básicos que le permitan plantearse objetivos de mediano y largo plazo en territorios definidos. 

El valor agregado de un documento como este es que pone el énfasis de la discusión sobre equidad a lo interno de cada uno de los países, a diferencia de las típicas comparaciones internacionales del país A con el país B o la región X con la región Y.  La comparación intrarregional da un sentido de pertenencia y pertinencia mayor para la ciudadanía porque los referentes son realidades familiares, cercanas.  Con ello la posibilidad de sensibilización y cambio aumenta.

Pero además, al poner el acento en los territorios, automáticamente estamos escarbando más allá de los promedios nacionales, que por definición esconden las grandes heterogeneidades de una región tan desigual como la latinoamericana.  Distinto sería si estuviésemos hablando de países como los nórdicos, en donde la gran mayoría de su población está alrededor de la media. 

Finalmente, hay que reconocer que el enfoque territorial no solamente es una herramienta poderosa para diagnosticar, sino también para interpelar a las políticas sectoriales.  Sin embargo, también hay que decir que el enfoque territorial tampoco ofrece una respuesta contundente al problema.  De manera que la discusión sigue abierta. 

El lanzamiento oficial del informe RIMISP se llevó a cabo en la Escuela de Economía de la Universidad Nacional Autónoma de México el pasado martes 24, y habrá presentaciones en diferentes países.  En Guatemala se hará en la última semana de mayo.  Tanto el documento como las bases de datos que sirvieron de soporte están disponibles en el sitio de internet www.informelatinoamericano.org

Prensa Libre, 26 de abril de 2012. 

jueves, 19 de abril de 2012

Pobres de ingreso medio

“Latinoamérica goza de una oportunidad interesante para posicionarse como región que lidere esta nueva discusión, aportando de manera sustantiva a la comprensión de cómo países de ingreso medio tratan de superar altos niveles de pobreza y desigualdad.”

Comienza a darse una discusión interesante en la comunidad del desarrollo. Tiene que ver con el aumento en el ingreso nacional de algunos países y su ascenso a la categoría de ingreso medio. Un interesante artículo del instituto de estudios del desarrollo (IDS, por sus siglas en inglés), señala cómo el porcentaje de pobres viviendo en países de ingreso medio pasó de 7% a finales de la década de los años ochenta a 72% a finales de la década pasada.

Por supuesto que allí dentro está el factor China e India, que sesgan cualquier promedio mundial. De cualquier manera, aun excluyendo de la lista a los dos colosos asiáticos, los porcentajes serían 7% y 22% respectivamente. Es decir, un aumento de tres veces en veinte años. La pregunta es si dicho crecimiento de los países en desarrollo está cambiando sustantivamente el entorno de los pobres.

Para comenzar, ya se escucha un discurso, que seguramente irá in crescendo, sobre la necesidad de movilizar más recursos propios en los países de renta media, para la reducción de la pobreza. Tal argumento se contrapone a la vieja y tradicional estrategia de movilizar recursos internacionales en forma de préstamos o donaciones.

De lo anterior se deprende una pregunta natural: ¿tienen los gobiernos de países de renta media los medios para asumir el financiamiento de sus propias estrategias de reducción de pobreza? La respuesta, por de pronto, parece ser que no. Por lo menos a juzgar por los niveles de tributación promedio en los países de renta media, que rondan entre el 18 y 19 por ciento del producto interno bruto, y por los altos porcentajes de pobreza que prevalecen en la mayoría de ellos.

¿Cuál será el efecto de esta discusión para una región como América Latina, en donde la gran mayoría de sus países pertenecen al club de renta media? La respuesta es dual. Por una parte, uno puede anticipar que se quedará marginada de la discusión. Especialmente a partir del poco peso relativo que tiene la pobreza latinoamericana en comparación con otras regiones del mundo. Según el IDS, al usar una medida de pobreza multidimensional, hoy día el 66% de los pobres viven en Asia, el 29% en África Sub Sahariana y solamente el 3% en América Latina.

Por otro lado, Latinoamérica goza de una oportunidad interesante para posicionarse como región que lidere esta nueva discusión, aportando de manera sustantiva a la comprensión de cómo países de ingreso medio tratan de superar altos niveles de pobreza y desigualdad. En términos de pobreza, la región ha desarrollado instrumentos de política pública innovadores y efectivos para aumentar el ingreso de los pobres. Nuestras programas de protección social son indiscutiblemente un aporte al mundo en desarrollo.

Y en términos de desigualdad, por el solo hecho de seguir ostentando la corona en materia de concentración de recursos y oportunidades, de facto nos coloca como población objetivo para ensayar formas alternativas de romper con las disparidades estructurales que nos definen. La gran interrogante es ¿seremos capaces de asumir el reto?

Prensa Libre, 19 de abril de 2012.

jueves, 12 de abril de 2012

La socialdemocracia se repiensa

“(…) aprender a comunicar mejor la visión de interdependencia entre crecimiento económico y desarrollo, por un lado, y la seguridad social y la igualdad, por el otro.”

El País comenzó desde hace unas semanas a publicar una serie de artículos sobre el futuro de la socialdemocracia europea. Interesante ejercicio de catarsis ante el punto bajo por el que atraviesa dicha corriente de pensamiento político en el viejo continente.

Si se la juzga por el resultado que ha obtenido en las urnas después de que iniciara la Gran Recesión en el 2008 los números son demoledores. Hoy solamente gobiernan en 4 países de la Europa de los 27.

Sin embargo, las próximas elecciones en Francia, los traspiés conservadores del Reino Unido, pero fundamentalmente las elecciones en Alemania en el 2013, despiertan la esperanza de poder reposicionarse ante su ciudadanía como una mejor opción para conducir la política glocal.

Dos hechos parecen marcar esta parada conceptual para repensar el camino futuro. Por una parte, el agotamiento de la llamada “Tercera Vía”, como alternativa para reformar y dar más agilidad a un estado de bienestar europeo que debe ponerse a tono con los tiempos. Por la otra, el descalabro del neoliberalismo de los ochenta generado por la aguda crisis global, de la cual no acabamos de salir y recomponernos.

La gran ironía es que en casi todos los países europeos, del mundo desarrollado, y otras economías emergentes, el reclamo de sus clases medias es afín al ideario socialdemócrata: empleo, seguridad social, equidad. Sin embargo, la respuesta práctica no convence. ¿Por qué? Si la evidencia empírica muestra cómo la socialdemocracia redistribuye más que otras opciones ideológicas.

¿Será que el votante medio está hilando más fino que sus dirigentes políticos? ¿O simplemente estamos en un típico caso de comunicación rota entre gobernantes y gobernados?

Como bien apuntan Olaf Cramme y Patrick Diamond del Policy Network, el reto principal del pensamiento político de centro-izquierda contemporáneo está en poder proporcionar a la gente un moderno sentido de pertenencia y de objetivos colectivos en un mundo rápidamente cambiante. Ignorar esa discusión es políticamente inviable.

Las condicionantes de la sociedad europea están allí: cambio (envejecimiento) demográfico, recomposición del Estado nacional, migración e interculturalidad, y una agenda internacional cada vez más interdependiente. Todos son factores que condicionan los espacios de acción para cualquier agenda programática. Es allí donde la socialdemocracia debe rencontrar su espacio y, como sugiere Pär Nuder, “aprender a comunicar mejor la visión de interdependencia entre crecimiento económico y desarrollo, por un lado, y la seguridad social y la igualdad, por el otro.”

Guardando las diferencias de rigor, es increíble como demandas tan parecidas encuentran vehículos para canalizarse tan diferentes entre aquellos países y los nuestros. Allá, se protesta contra el paro, aunque con una pizca mayor de sofisticación, crítica y propuesta. La ciudadanía entiende que su participación política es la herramienta para exigir condiciones que después se transformarán en cosas concretas como tener trabajo, devengar un salario, acceder a una pensión, gozar de educación y salud, optar a vivienda propia.

Aquí la gente también necesita empleo y todo lo demás, pero el discurso es más limitado cuando no del todo ausente. La clase media mantiene su silencio ensordecedor, porque hacer política quita tiempo o es de shumos. En el mejor de los casos escuchamos la perorata del crecimiento económico arriba del 6 ó 7 por ciento. Y del Estado, se acuerdan solo aquellos para los que peor es nada, ó aquellos otros a quienes les estorba.

Cualquiera sea la afiliación o simpatía política individual, no me cabe duda que es preferible una sociedad con opciones políticas que sin ellas, con debates sobre visiones alternativas en lugar de un mutismo apático que deja vía libre a politiquería vacía. Buen aporte a la discusión y al debate político, a la construcción de ciudadanía, el que hacen los medios de comunicación europeos al ventilar este tipo de temas. Me pregunto ¿podríamos ensayar algo similar en Guatemala?

Prensa Libre, 12 de abril de 2012.

jueves, 29 de marzo de 2012

El único y mismo motor

“(…) las condiciones estructurales, esas que subyacen y definen a una economía – es decir, su dotación de recursos naturales, institucionales, pero sobre todo humanos – sí que juegan un papel siempre..”

El lunes se publicó un artículo en el Financial Times escrito por el economista Lawrence Summers. Profesor de Harvard, ex secretario del tesoro norteamericano, asesor de los presidentes Clinton y Obama, y uno de los nombres que sonaba como candidato a presidente del Banco Mundial. Figura controversial, más no por ello menos lúcida que otras que componen la flora y fauna de los economistas del mundo.

Su columna hace un análisis de coyuntura de la economía de los Estados Unidos, sugiriendo, con mucha cautela eso sí, algunos signos de recuperación. Entre otros menciona que el empleo lleva ya algún tiempo creciendo más rápido que la población; el nivel de los mercados de bolsa es más alto y su volatilidad más baja que en ningún momento desde 2007, sugiriendo que la incertidumbre de los agentes privados disminuye; hay una cierta demanda contenida de consumidores que pospusieron compras de bienes durables a causa de la crisis, la cual comienza a emerger; y el mercado de vivienda parece estarse estabilizando.

Pero los más importante, desde una perspectiva estructural, de crecimiento económico en el largo plazo, es la afirmación que hace sobre los motores de la inversión y la generación de empleo y la centralidad que tienen medidas de política fiscal y monetaria. En cuanto a lo primero, nos dice que (sic) “(…) asumiendo que no hay una regulación punitiva, la innovación en tecnología móvil de información, redes sociales, y nuevos descubrimientos de petróleo y gas natural, probablemente serán los motores…”. Y en cuanto a lo segundo, reconoce que la recuperación americana tiene más que ver con las extraordinarias medidas de política macroeconómica que se han tomado, y menos relación con la tradicional resiliencia de la economía americana para amortiguar el desapalancamiento del sector privado.

El mensaje central que planta Summers en su análisis es muy simple: la tasa de crecimiento histórica de un país es simplemente reflejo de sus condiciones estructurales, de las medidas de política económica que se toman a cada momento – más aún en tiempos de crisis – y de factores externos.

El peso específico de cada uno de esos elementos depende del contexto, eso es verdad. Sin embargo, las condiciones estructurales, esas que subyacen y definen a una economía – es decir, su dotación de recursos naturales, institucionales, pero sobre todo humanos – sí que juegan un papel siempre. Tanto en coyunturas de contracción como la actual, contribuyendo a acortar tiempos en los que la economía retoma el rumbo; pero sobre todo en el largo plazo, permitiendo que operen la innovación y la reconversión productiva.

Tan sencillo como que un recurso humano calificado es más productivo en el sector en donde se emplea, pero también es mucho más ágil y capaz de actualizarse y-o reconvertirse ante cambios adversos y-o aprovechar nuevas oportunidades. Ese mismo recurso humano es el que al final tiene en sus manos el diseño y la implementación de políticas económicas o de cualquier otra índole, así como la capacidad (o incapacidad) de hacer un uso óptimo de la dotación de recursos naturales en la sociedad donde vive.

Summers tiene razón, la inventiva, las redes sociales, las tecnologías de la comunicación, las políticas macroeconómicas y la explotación de recursos naturales, todo ello contribuye a la recuperación y el crecimiento económico de un país. Y todos esos determinantes, sin excepción, pasan por un único y mismo motor: la dotación de recurso humano disponible.

Prensa Libre, 29 de marzo de 2012.